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	<title>Articles relacionats amb «Covid-19» | Carrer</title>
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	<title>Articles relacionats amb «Covid-19» | Carrer</title>
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		<title>«Estamos viviendo, o malviviendo, de la solidaridad de la gente»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Feb 2021 16:17:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Barri Gòtic]]></category>
		<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[treballadors]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>José Miguel Benítez –Josemi, para la clientela– regenta desde hace ocho años El Club de la Empanada, un pequeño bar restaurante en la calle Dagueria del Gòtic. ¿Su especialidad? El manjar gallego que les da nombre y que ellos ofrecen con sabores de lo más variopintos: desde las tradicionales de atún o de carne, hasta [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>José Miguel Benítez</strong> –Josemi, para la clientela– regenta desde hace ocho años El Club de la Empanada, un pequeño bar restaurante en la calle Dagueria del <strong>Gòtic</strong>. ¿Su especialidad? El manjar gallego que les da nombre y que ellos ofrecen con sabores de lo más variopintos: desde las tradicionales de atún o de carne, hasta la guasona <em>empanada mental</em> de pollo con menta y ron. Entre sus clientes habituales se contaban muchos trabajadores de la zona –a menudo funcionarios del Ayuntamiento o la Generalitat–, que iban a desayunar o por el menú del día. Ahora, con las <strong>restricciones</strong> y el <strong>teletrabajo</strong>, el Club ha tenido que <strong>cambiar de chip</strong>.</p>
<p>Incredulidad, desconcierto, incertidumbre, desesperación. Son palabras que Josemi usa para definir sus <strong>estados de ánimo</strong> en las primeras fases pandémicas. “Ha sido duro, porque ves que todo se va al garete. Pero ahora veo la luz al final del túnel: tiraremos <em>pa’lante</em>. Puedo aguantar hasta final de año”, apuesta, y su optimismo contrasta con el desaliento del <strong>blues</strong> que suena por los altavoces –en el Club, esta es la música oficial: John Lee Hooker, Buddy Guy, Muddy Waters, Etta James&#8230;–.</p>
<p>Reconoce que en verano llegó a plantearse el cierre. Después llegaron las ayudas, “que son insuficientes y deben continuar”, avisa. Desde casi el principio, tiene a su único trabajador en ERTE –tardó dos meses en empezar a cobrarlo–. Luego le concedieron un crédito ICO –“en una semana”–, prestaciones y subvenciones que le han ayudado a “sobrevivir” y poco más. Acepta las restricciones porque “el bichito está ahí” y los sitios cerrados “son foco de contagio”. Incluso comparte que “lo lógico hubiera sido cerrarlo todo, pero con <strong>ayudas</strong> a los negocios”.</p>
<p>“Las Administraciones –reflexiona– no han hecho todo lo que podían hacer, por falta de recursos, por falta de experiencia, pero también por las pugnas entre partidos y entre ellas mismas. Con más voluntad de coordinación se podrían haber sacado más recursos de algún sitio”. También denuncia lo incomprensible de los horarios que se han fijado: “¡<strong>Aquí nadie come a la una</strong>!”. Él, ahora, ya no abre por la mañana.</p>
<p>Y por la noche, aunque podría abrir hasta las diez, empieza a cerrar a las nueve y media: “Ya no hay <strong>nadie por la calle</strong> a esa hora”. Al mediodía también abre y ofrece <em>take away</em> con los menús, las tapas y las empanadas. Comida a domicilio no hace: “No me gusta Glovo”.</p>
<p>Josemi pidió permiso para poner una terracita, pero se lo denegaron porque la calle es estrecha. Tampoco se la concedieron cuando la pidió en la plaza de Sant Just, a unos metros–: “Sé que no tengo acceso directo, pero, dado el carácter excepcional de la situación, una terraza nos habría echado una mano. Ahí el Ayuntamiento ha sido poco flexible”.</p>
<p>Nació en Ferrol, en Galícia, hace 63 años. Cuando tenía ocho, sus padres emigraron a Barcelona. “Conocí el Gòtic en sus momentos más grises. Había tejido asociativo; poco, pero lo había: se organizaban las fiestas en la plaza de Sant Just, había cine&#8230; En los ochenta, con el auge de la delincuencia y las drogas, la gente sacaba las mesas a la calle para hablar y compartir problemas. Era un <strong>barrio</strong>. Hoy, de eso, se conserva algo, pero muy poco”, lamenta. Critica igual la turismofobia como la turismofilia: “Debe haber equilibrio en la atención a vecinos y turistas”.</p>
<p>Explica que últimamente el Gòtic ya iba de capa caída por “la mala gestión del <strong>turismo</strong> y por la <strong>especulación</strong> inmobiliaria, que ha dejado al barrio con pocos vecinos”. Algunos establecimientos llegaron a unirse para dinamizar la zona: El Club de la Empanada, el Bidasoa, el Bahia&#8230; Tenían preparada una ruta de tapas como la Pinxu Panxu de Nou Barris. “Iba a empezar el 18 de marzo, teníamos hasta los carteles hechos, pero el día 14 hubo el <strong>confinamiento</strong> y se fue al garete”.  El Refugi del pasaje de la Pau, otro de los participantes, ya ha tenido que bajar la persiana.</p>
<p>Periodista de formación –fue corresponsal en Centroamérica, donde vivió desde los ochenta hasta 2001–, decidió montar el Club en plena crisis. “Mi hermano no tenía trabajo y cocinaba bien. Yo tenía nociones de coctelería y me encargué de las empanadas”, rememora. Entonces trabajaba en un proyecto de La Caixa –formaba parte de un equipo de técnicos de intervención social–, pero se lanzó a la piscina. Echando 18 horas diarias, levantaron un negocio que llegó a dar trabajo a <strong>cuatro personas</strong>. Desde junio solo queda él. Echa 11 horas al día, que alterna con el cuidado de su madre, de 91 años y que hasta hace nada pochaba la cebolla para las empanadas. Su hija Irma le ayuda con postres y salsas. “Su apoyo ha sido muy importante para mí”, agradece.</p>
<p>Josemi resalta también la importancia de la <strong>solidaridad</strong> de los clientes que, por estar teletrabajando, han dejado de ir de forma asidua, pero que se esfuerzan en acudir una vez a la semana o al mes: “Básicamente estamos viviendo, o malviviendo, de la gente que viene para apoyar. Y estamos muy agradecidos por esa solidaridad de clientes y vecinos”.</p>
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		<title>Un Pacte per Barcelona? Per a què?</title>
		<link>https://carrer.cat/article/un-pacte-barcelona-que/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Oct 2020 10:23:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[economia]]></category>
		<category><![CDATA[salut]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quan semblava que sortíem de la pandèmia, l’Ajuntament va considerar que tocava anar tots a una i va conjurar-nos a fer el que calgués per curar una ciutat malferida per les conseqüències socials que ha provocat la Covid-19. El consistori ens convidava a contribuir a un gran acord històric que s’havia de saldar amb la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Quan semblava que sortíem de la pandèmia, l’Ajuntament va considerar que <strong>tocava anar tots a una</strong> i va conjurar-nos a fer el que calgués per curar una ciutat malferida per les conseqüències socials que ha provocat la <strong>Covid-19</strong>. El consistori ens convidava a contribuir a un gran acord històric que s’havia de saldar amb la signatura del <strong>Pacte per Barcelona</strong>. Per arribar aquí, el govern municipal va obrir un procés participatiu al qual va convocar els agents socials, polítics, econòmics, culturals i veïnals que va creure convenient.</p>
<p>La tria efectuada causà <strong>malestar</strong> entre alguns convidats com el Consell d’Associacions de Barcelona (<strong>CAB</strong>), Organitzacions per la justícia global (<strong>LaFede.cat</strong>) i la mateixa <strong>Favb</strong>, que vam publicar un comunicat on criticàvem la sobre representació de l’àmbit econòmic i de la mateixa administració, mentre trobàvem a faltar organitzacions de la ciutat que treballen aspectes de salut, mediambientals i socials. </p>
<p><strong>Debat obert, conclusions opaques </strong><br />
L’Ajuntament va crear quatre taules de treball: model urbà, economia, social i cultura/esports, més un grup de treball al voltant de les empreses tecnològiques. Cada una es va reunir tres vegades: les reunions eren en format on-line i es limitaven a fer una ronda d’intervencions d’entre un minut i mig i dos per representant per exposar les seves preocupacions i receptes. A la vista de les conclusions del Pacte, podem observar la gran distància entre els continguts de les <strong>actes</strong> de les reunions, els documents de <strong>síntesi</strong> que sortien de cada taula i la <strong>proposta final</strong>, que tot indica que es va cuinar de manera poc transparent entre els partits municipals. </p>
<p>Sovint, el terme de “procés participatiu” s’ha utilitzat amb molta lleugeresa -per a descrèdit del mateix- suportat per una ideologia ciutadanista que grinyola quan els participants no representen persones sinó sectors amb <strong>interessos concrets</strong>. Per exemple, a ningú li passaria pel cap definir com a procés participatiu la negociació d’un conveni col·lectiu. Així mateix, els participants del Pacte per Barcelona representen interessos que en alguns casos són contraposats, els quals no es poden superar amb <strong>dinàmiques participatives</strong> (que han estat una pantalla) i que per pròpia naturalesa es transformen en negociacions al marge del procés participatiu. </p>
<p>En aquest sentit, l’aiguabarreig de conceptes i actors en el Pacte per Barcelona s’ha vist clarament reflectit amb la tipologia de propostes que s’han presentat. Mentre les <strong>entitats socials i veïnals</strong> feien propostes amb una visió holística de la ciutat en un intent d’assentar unes bases estratègiques de futur, els <strong>sectors empresarials</strong> i gremials apostaven per convertir el Pacte per Barcelona en un acord per a la reactivació econòmica dels seus respectius sectors, on la rebaixa dels impostos i els ajuts financers eren el leitmotiv. Dos nivells d’aportacions conceptuals difícils de conjugar i que contradiuen la lògica de saber primer on voler anar per triar després el camí adient. </p>
<p>El turisme, on la repercussió de la pandèmia ha estat devastadora, és un cas paradigmàtic d’aquestes contradiccions: uns opten per <strong>reactivar cegament la Barcelona turística</strong> mentre que els altres recapacitem sobre la necessitat de crear una economia més diversificada i circular, i per tant més sòlida, la qual cosa significa elaborar noves visions a curt i llarg termini. </p>
<p><strong>Sector econòmic sense complexes </strong><br />
Recordem, a més a més, que la proposta de fer un Pacte per Barcelona es dona en els mesos de maig-juny, enmig d’un accelerat procés de desescalada de les mesures que s’aplicaren durant l’estat d’alarma. La <strong>pressió del sector econòmic </strong>va aconseguir que l’Administració ignorés els consells epidemiològics amb la conseqüència de l’aparició dels rebrots que ens han afectat durant tot l’estiu. Però no s’ha limitat a això, sinó que <strong>ha reclamat el suport econòmic públic</strong> per refer-se de les seves pèrdues. Ho han fet sense complexos i, per tant, també dins de les sessions del Pacte, que alguns han aprofitat com si fos un mercat on vendre els seus greuges. </p>
<p><strong>La salut, per sobre de tot? </strong><br />
Durant el confinament ens preguntàvem si la pandèmia ens faria reflexionar com a societat. Vam copsar directament que amb voluntat política la salut es podia posar per sobre de l’economia i que la nostra ciutat podia lliurar-se de la <strong>contaminació acústica i atmosfèrica</strong>. Però poc dura l’alegria en la casa del pobre, i en poques setmanes vam observar com els corrents subterranis de sempre emergien amb molta força, i aconseguien per exemple que l’Ajuntament aparqués i suspengués de facto el <strong>reglament de terrasses</strong>, ignorant el dret al descans del veïnat més afectat.</p>
<p>O com el <strong>gremi del motor</strong> aprofitava molt hàbilment la por al contagi en el transport públic per augmentar el nombre de vendes de cotxes, amb el suport inestimable de ‘plans renove’ del govern. Hem escoltat de pròpia veu al vell polític Celestino Corbacho la justificació que salvar llocs de treball també millora salut de les persones, el mateix argument que utilitza la patronal quan reclama augmentar els seus beneficis sota el pretext de no acomiadar ningú. Davant les morts per causa de la contaminació atmosfèrica ara ja s’oblidava ràpidament que la salut està per sobre de tot. Per sort, <em>Confinem els cotxes, recuperem la ciutat</em> ha estat el lema de la primera i més àmplia mobilització després de l’estat d’alarma. </p>
<p>Però el que sorprèn més és que, tractant-se d’una crisi sanitària, el Pacte per Barcelona no s’hagi centrat en les <strong>imprescindibles reformes en l’àmbit de la salut</strong> i que s’hagi tancat sense una reflexió en profunditat que posi en qüestió, entre d’altres coses, la perversió de les polítiques público- privades. El cas del contracte amb <strong>Ferrovial</strong> ha estat el més escandalós, però és un exponent més d’una pràctica que ha comportat deficiències criminals com les que hem vist en el cas de les residències de gent gran. Aquestes coses passaven quan l’Ajuntament ens demanava participar en el Pacte. </p>
<p>La Favb, conjuntament amb el CAB i LaFede.cat, vam veure que era important aportar-hi una visió social, mediambiental i veïnal. A tal vam teixir relació amb més de 20 entitats i federacions de la ciutat amb la pretensió d’elaborar un document conjunt que exposés els nostres plantejaments. Internament dins la Favb, les associacions veïnals també hi han intervingut a través de trobades on-line i les aportacions en l’espai col·laboratiu Participa-Favb. Fruit d’aquest procés s’ha elaborat el document <em>Pacte per Barcelona: les propostes de les entitats</em>, que conté un pro- grama molt complet del qual ens sentim molt orgulloses i que, si més no, marcarà el nostre <strong>full de ruta</strong> en el futur. </p>
<p>Hem de confessar que a començaments de juliol, a la vista de com havia anat el procés del Pacte, no va ser una sorpresa observar com les propostes de fons que nosaltres plantejàvem no eren recollides en el text del Pacte oficial. En les trobades amb les entitats amb les quals havíem treballat el document, de seguida es va desprendre que <strong>no seria coherent signar el text oficial</strong> perquè significaria un brindis al sol sense substància. Vam denunciar públicament que el contingut era excessivament abstracte en un comunicat que portava per títol “<strong>Front social en oposició a l’intent de Pacte municipal per Barcelona</strong>”, un encapçalament que posa èmfasi en el treball conjunt de més de vint entitats i federacions de segon grau i a les quals després s’hi han adherit més del doble. </p>
<p><strong>No hem perdut el temps </strong><br />
La decisió col·lectiva de les entitats de no signar el pacte no ha estat còmoda. Hem de tenir en compte que la totalitat dels grups polítics municipals l’han subscrit i que per a ells la foto de conjunt era important. Tant és així que ens hem trobat que el document oficial del Pacte, en comptes de portar al final el llistat dels signants, prefereix posar la relació de tots els agents que hi han participat, malgrat que no combreguin amb el resultat. Lleig i malintencionat.</p>
<p>Segurament la història assenyalarà un abans i un després de la pandèmia, però de ben segur que aquest Pacte per Barcelona anunciat a bombo i plateret no passarà a la història. És més, segurament quan el lector llegeixi aquestes línies ni se’n recordarà. </p>
<p>Nosaltres creiem, però, que <strong>no hem perdut el temps</strong> participant-hi. Tenim un coneixement més acurat de la complexitat de la nostra ciutat i, el que és més important, hem teixit unes relacions amb moltes entitats al voltant d’un text propi que marca unes direccions clares i una voluntat de compromís amb els sectors més febles de la nostra ciutat. Els estralls de la pandèmia ens reclamaran donar-li continuïtat. </p>
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		<title>Barcelona a vida o mort</title>
		<link>https://carrer.cat/article/barcelona-vida-o-mort/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Oct 2020 16:18:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[periodisme]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La primavera i l’estiu del 2020 han estat diferents. Arreu del món com a Barcelona. La pandèmia del coronavirus ho ha trasbalsat tot. Fins al punt que, durant setmanes, la ciutat que sempre bullia d’activitat i de visitants no tan sols ha rebaixat el seu ritme fins a estampes preolímpiques, com s’ha vist de juny [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La primavera i l’estiu del 2020 han estat diferents. Arreu del món com a Barcelona. La pandèmia del coronavirus ho ha trasbalsat tot. Fins al punt que, durant setmanes, la ciutat que sempre bullia d’activitat i de visitants no tan sols ha rebaixat el seu ritme fins a estampes preolímpiques, com s’ha vist de juny a setembre, sinó que fins i tot va quedar <strong>pràcticament paralitzada</strong>, i buits els seus carrers, durant bona part dels mesos de març, abril i maig.</p>
<p>Només els serveis sanitaris i essencials van mantenir viva la ciutat enmig d’una situació que va desbordar tothom i totes les administracions (si bé l’Ajuntament de Barcelona, més enllà de les seves competències i recursos, va respondre millor que d’altres a l’emergència). Era el <strong>confinament</strong> i l’<strong>estat d’alarma</strong> que, terminologies jurídiques i decisions polítiques a banda, segueix vigent en l’esglai de la població.</p>
<p>És l’esglai d’una societat de consum i del benestar que <strong>oblida molt ràpidament</strong> i no té memòria d’haver viscut una situació crítica i tan dura com aquesta des de la guerra civil i la immediata postguerra. Per això, i després de setmanes de confinament, per Sant Joan la gent va sortir de l’estat d’alarma amb alegria però aquesta tardor sap que no reprèn cap normalitat, ni nova ni vella, perquè la covid-19 segueix contagiant sense que encara hi hagi ni vacuna ni tractament.</p>
<p>I perquè, en general, els polítics governants i teòricament competents han estat tant o més <strong>irresponsables</strong> que la ciutadania en no prendre totes les mesures que calien, posant tots els recursos, mitjans i també la transparència comunicativa necessàries, per controlar una situació sanitària amb els pitjors índex d’Europa i que va acompanyada d’una crisi econòmica i social sense precedents.</p>
<p><strong>Mirada local amb òptica externa</strong><br />
“<strong>Alguna cosa ha canviat</strong>”, respon el fotoperiodista <strong>Emilio Morenatti</strong> quan se li pregunta si la ciutat és la mateixa ara que abans. Delegat de l’agència Associated Press per a Espanya i Portugal, nascut el 1969 a Zaragoza, criat a Jerez de la Frontera i veí del Poblenou des de fa una dècada, on va recalar-hi després de voltar per mig món com a reporter de guerra (el 2009 va perdre un peu per una explosió a Kandahar), la seva mirada local però amb perspectiva externa és un bon punt de vista per fer la crònica de la Barcelona d’aquests mesos.</p>
<p>La ciutat i la societat que Morenatti ha fotografiat i servit des de la seva agència o les xarxes socials -amb portades i imatges que han donat la volta al món i han aixecat polèmiques locals, com quan va mostrar les platges de Barcelona plenes a vessar durant el desconfinament- és, com ell expressa, “difícil de definir”. Perquè durant el confinament la ciutat “estava morta de <strong>vida humana</strong> però hi sorgia la <strong>vida natural</strong>” i perquè “la solitud i l’hostilitat que et feien sentir els carrers deserts contrastava amb la protecció i el refugi d’arribar a casa”.</p>
<p>“Aquesta sensació ja no la tinc després del desconfinament”, confessa. I això que “ha canviat tot” i que, per a un fotògraf, dona molt de joc “veure la gent amb mascareta, que és visualment molt impactant”. Però així com Morenatti recorda que el va commoure “veure les cues dels supermercats amb la gent guardant escrupolosament les distàncies i deixant-se fer fotos com assumint un punt de protagonisme en la <strong>Història</strong>”, ara creu que “aquella consciència no sé si ha desaparegut però sí que s’ha relaxat”.</p>
<p>“Per què, si la situació és igual de dramàtica?”, s’interroga ell mateix. I respon: “Potser perquè la gent tenia por del desconeixement, del virus i el perill desconegut; i <strong>això era el que nosaltres havíem d’explicar i no ens van deixar</strong>. D’alguna manera, no haver pogut accedir a explicar el drama des de la part més dura i des del primer moment ens ha anestesiat i ens ha dut al punt on som ara, quan seguim sense saber què és el que passarà”.</p>
<p>Les reflexions de Morenatti no són gratuïtes ni abstractes, sinó que parteixen de l’experiència viscuda com a fotoperiodista ara i aquí, abans i arreu. Al març, des del primer moment, ell, com altres fotògrafs i periodistes, es va intentar apropar als hospitals, a les UCI i als cementiris, i es va topar amb un mur. “Durant setmanes, les autoritats van ignorar totes les peticions oficials, fetes com a periodista i en nom d’una agència internacional de prestigi com AP, de poder accedir als centres hospitalaris i als cementiris per verificar amb imatges les informacions que deien que les UCI s’estaven col·lapsant i que els morts creixien exponencialment”, explica.</p>
<p>Davant d’aquesta negativa, va haver de tirar d’experiència, d’audàcia i dels recursos que proporciona la combinació del <strong>reporterisme de guerra</strong> i “el periodisme veïnal i de carrer”.</p>
<p>Fent paral·lelismes amb la seva experiència com a corresponsal de guerra, diu que “era com quan no pots creuar el front, la primera línia de foc, i t’han d’explicar els locals el que passa; en aquest cas no eren locals, sinó tuits i coneguts de coneguts”. Com que, d’entrada, l’accés a les UCI de l’<strong>Hospital del Mar</strong> o de la <strong>Vall d’Hebron</strong> li va ser impossible, les dues primeres setmanes d’estat d’alarma el fotoperiodista es va centrar a fer <strong>treball de carrer</strong>.</p>
<p>Però “els carrers estaven buits i només hi havia la <strong>gent sense sostre</strong> que s’hi havia quedat atrapada; ells eren els únics testimonis i estaven desorientats, no aconseguien saber què passava”.</p>
<p>Fins a l’extrem, recorda Morenatti, que una persona sense casa li va arribar a preguntar si havien arribat “els marcians” o, un altre, “si hi havia hagut un accident nuclear”. Sense deixar la càmera, també va fer servir la gravadora i tot això ho va publicar a través d’Associated Press. “Va ser interessant perquè era molt fàcil veure’ls; eren l’únic vestigi humà que hi havia al carrer. Els més <strong>vulnerables</strong> eren més vulnerables que mai. I vaig recórrer tot el casc antic de Barcelona fins a comprovar que hi havia desabastiment: no tenien ningú que els donés caritat ni cap bar on poder fer un cafè o un entrepà i hi havia gent passant-ho molt malament”.</p>
<p>Sense permís per accedir als hospitals a explicar què succeïa, el fotoperiodista va tirar de “coneguts de coneguts i de confiances de gent concreta” per poder fotografiar la tragèdia. Amb els metges d’atenció primària del <strong>CAP de les Corts</strong> va poder visitar malalts a domicili i comprovar “el temor de tota la gent que ja portava molt de temps confinada i, en especial, la vulnerabilitat de les persones grans”.</p>
<p>Compartir la jornada amb la gent de les <strong>emergències sanitàries</strong> fins a “retirar algun cadàver amb ells” li va permetre “descobrir una quinzena de persones que vivien amb por a casa seva; veure la por a cadascuna de les cares i dels ulls d’aquella gent, que sovint vivia en pisos sense ascensor i decorats encara a l’estil dels anys 70” i que contrastaven visualment amb els metges o ell mateix, que hi entraven enfundats amb uns EPI o vestimenta de ciència ficció que havien de canviar-se a cada casa. “Va ser un període molt intens”, diu tot recordant la por i, sense manies, les vegades que va arribar a plorar fent la seva feina.</p>
<p>Després d’aquelles jornades extenuants, Morenatti aprofitava el barri i sortia cada tarda a la <strong>Rambla del Poblenou</strong> a escoltar els aplaudiments i fotografiar les escenes de la gent als balcons: “Jo era l’únic que estava al carrer i algunes vegades la gent que em veia des dels balcons em demanava fotos sense saber que sortirien en mitjans nordamericans. Buscava imatges que fossin molt visuals per explicar què és el que passava, i a cada racó hi havia un detall i cada detall em donava una imatge del barri”.</p>
<p>Ningú no li va posar problemes per fer-los fotos i ell argumenta que “no eren només una fórmula de visibilitzar l’aplaudiment als sanitaris, sinó sobretot aquella decisió col·lectiva de quedar-se a casa”. I valora: “Va ser molt bonic perquè em sentia <strong>part de l’engranatge</strong> que dona sentit a la funció del periodisme en la societat, i això passa molt poques vegades, només quan estàs en un lloc de conflicte o davant d’un esdeveniment espontani”.</p>
<p><strong>Paral·lelismes amb llocs de guerra</strong><br />
Morenatti troba “gran similitud” entre treballar en guerres i el que va significar la seva feina durant el dia a dia de l’estat d’alarma. “No era una guerra, però la percepció sí que era d’<strong>estar en un lloc en guerra</strong>. El confinament equival a un <strong>toc de queda</strong>, i el toc de queda és bàsicament un carrer desert i guàrdies que et deixen passar perquè ets periodista o que et detenen o et fan tornar.</p>
<p>A la guerra entre <strong>Israel</strong> i el <strong>Líban</strong> del 2006, les ciutats eren tan fantasmes com durant el confinament d’aquí; l’única diferència és que no queien els míssils, però la sensació era la mateixa. No era un toc de queda, era un confinament; però els que hem viscut guerres sabem les semblances davant d’un enemic invisible i comú que existeix i que en aquest cas és el virus”.</p>
<p>I els morts? Per què hem vist pocs <strong>morts</strong>? “No em sorprèn que ens hagin impedit l’accés a les UCI, als tanatoris i als cementiris”, diu Morenatti. “Quantes escenes ens hem perdut? La nostra societat oblida molt ràpidament i potser sí que hagués generat alarma social o a certes persones els hagués atemorit si haguéssim pogut ensenyar algunes coses, però també s’hagués conscienciat una altra part de la societat i aquells que van arribar a dir que no havien vist cap mort en tota la pandèmia, com va passar amb la ultradreta a Madrid, o els <strong>negacionistes</strong> que hi ha arreu i que segueixen creixent no ho tindrien tan fàcil”.</p>
<p><strong>Moments colpidors</strong><br />
Morenatti retreu a les autoritats -tant li fa si és l’Ajuntament de <strong>Barcelona</strong> que no el deixava entrar als cementiris com el de <strong>Madrid</strong> que no va respondre mai les peticions d’AP de poder accedir al dipòsit de cadàvers del Palacio de Cristal- haver impedit “explicar coses quan la gent necessitava respostes i estar informada”.</p>
<p>Ell va arribar a fer guàrdies al <strong>cementiri de Poblenou</strong> un dia sí i un altre també per poder fer fotos de funerals on no hi havia ningú, només els enterramorts. “Eren funerals sense ànima i això ens ho van prohibir ensenyar amb un argument tan pobre com el de la nostra seguretat”, critica. Ell va plorar la primera vegada que va poder presenciar un funeral amb permís: “Una dona enterrava el seu pare i abans ja havia enterrat un germà sense poder ser-hi present; estava sola al cementiri, amb la seva mare a metres de distància, i s’abraçava a ella mateixa, ella sola. Necessitava que l’abracessin i ho havia de fer ella mateixa!”.</p>
<p>Impactant va ser també la peripècia de Morenatti al <strong>tanatori de Collserola</strong>, on va anar-hi en veure a <em>La Vanguardia</em> una foto del pàrquing ple de taüts. “Sabia que no em deixarien entrar i, de pirata, hi vaig accedir a través d’uns conductes de ventilació i d’unes escales d’emergència. Un cop dins, em vaig posar a fer fotos d’aquell mar de fèretres completament acollonit, sabent que m’enganxarien. I així va ser: un vigilant em va dur davant de <strong>Fernando Sánchez</strong>, el director de comunicació de Mémora, que em va reconèixer perquè havia treballat amb ells durant el funeral de l’avió accidentat de German Wings i havien quedat molt contents de mi. Aquell home, que coneixia el renom d’AP i el rigor d’un periodisme que informa sense sensacionalisme però que no sempre és habitual a casa nostra, va tornar a entrar amb mi al pàrquing i em va deixar fer les fotos que vaig voler”.</p>
<p>Aquelles fotos ja li van provocar problemes a les xarxes, perquè els negacionistes van posar en dubte que dins de cada fèretre d’aquell pàrquing del tanatori de Collserola hi hagués 270 persones mortes per covid-19. “I això que jo, abans de passar les imatges i fer el peu de foto, em vaig assegurar que el que posaven les etiquetes dels taüts era ‘mort per covid’, tot i que sense autòpsia que ho verifiqués al cent per cent”, aclareix Morenatti.</p>
<p>Una polèmica i un negacionisme que també es va trobar després quan, al juny, va fer les fotos de la <strong>platja</strong> de Poblenou plena de gent amb el seu teleobjectiu i va haver de sortir a TV3 i a RAC1, “en programes seriosos”, no pas a defensar-se d’atacs a les xarxes, sinó a explicar-se “des de la deontologia d’un mitjà anglosaxó i des de la responsabilitat en el periodisme”.</p>
<p>Amb diversos premis internacionals de fotografia al seu currículum, Morenatti diu que li costa “creure que hi hagi gent que li doni més credibilitat a un expert que parla d’efectes òptics davant d’un professional que porta 35 anys fent fotoperiodisme”. I explica que si va fer les fotos de la platja de Barcelona amb teleobjectiu, o les de les terrasses dels bars plenes de gent sense distància a Tarragona i Girona en sortir de la fase 1, que també van aixecar polseguera, és perquè “el periodisme és avançar-se a explicar les coses”.</p>
<p>Sense veritats absolutes, la feina del <strong>fotoperiodista</strong> és donar el seu punt de vista: “Amb l’angular no s’apreciava el número de gent que hi havia, i fer servir el <em>tele</em> no era mentir, sinó explicar que hi havia molta gent i que per irresponsabilitat de tothom, malgrat veure-ho venir, no n’aprenem i no ens prenem seriosament ni el que ens diuen des del periodisme ni el que el sentit comú aconsella”.</p>
<p><strong>Cap a la platja!</strong><br />
Després de mesos d’estricte confinament, la gent va decidir anar a la platja i, com diu Morenatti, “va anar-hi sense recular tot i que allò <strong>estava a petar</strong>”. Ell també, perquè aquell dia estava de festa i com que és del barri i li quedava a prop, va prometre als seus fills que anirien a la platja. Sense càmera, només amb els flotadors. “Però quan vaig veure la gentada, se’m va estroncar el rotllo, vaig tornar amb la canalla a casa i vaig agafar la càmera per tornar a fotografiar-ho.</p>
<p>No em van deixar pujar a la torre de salvament i vaig haver de fer les fotos des de dalt d’una tanca. Quan vaig passar la foto sabia que em crucificarien, però l’havia de fer. L’endemà, a banda de sortir a les portades, també ens vam avançar al tancament de les platges per excés d’aforament mentre la gent, molta d’ella només per cercar protagonisme a les xarxes, seguia <strong>negant la realitat</strong>”.</p>
<p>Però la realitat no es podrà negar mentre hi hagi fotoperiodistes com Morenatti i mitjans seriosos, siguin premsa local o agències internacionals, compromesos amb explicar el que passa i amb sentit crític, encara que no agradi i pugui contradir els anestesistes de la història. Davant la segona onada d’aquesta pandèmia que ho està trasbalsant tot i que, de ben segur, d’una manera o altra, canviarà Barcelona per poder mantenir-la viva, Morenatti conclou: “Ara ja no hi ha dificultats per entrar als hospitals, als CAP o als cementiris. Ara és fàcil. Però què passarà quan se saturin un altre cop les UCI? Ens tornaran a deixar a la porta?</p>
<p>La nostra és una societat molt conservadora i no exhibeix morts. I dic exhibir perquè els qui hem treballat a l’Orient Mitjà sabem que els morts són una manera de comptabilitzar el drama. Els palestins et conviden a casa seva a ensenyar-te els seus morts. Aquí, en canvi, l<strong>a mort l’ocultem</strong>”.</p>
<p><em>A les fotografies de sota, imatge del pàrquing del tanatori de Collserola ple de taüts amb cadàvers de morts pel coronavirus, que contrasta amb la de la gent als balcons aplaudint o fent música cada tarda durant el confinament i la del mirador de la platja de Bogatell ple de gent el primer dia que es va poder sortir de casa </em> (Emilio Morenatti-Associated Press)</p>
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		<title>«A la gent, quan li dius pel seu nom, li canvia la cara»</title>
		<link>https://carrer.cat/article/la-gent-quan-li-dius-pel-seu-nom-li-canvia-la-cara/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2020 12:00:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciutat Vella]]></category>
		<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[Gòtic]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Xavi Artal reparteix el correu al carrer Escudellers i rodalies des de fa 17 anys. En fa 34 que és carter. Abans havia treballat a Rubí, a Sabadell, a l’Hospitalet&#8230; Però va ser en aquests carrers antics, bruts i de moral dubtosa del centre de Barcelona que va trobar la seva mitja taronja. “Això em [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Xavi Artal</strong> reparteix el correu al carrer Escudellers i rodalies des de fa 17 anys. En fa 34 que és carter. Abans havia treballat a Rubí, a Sabadell, a l’Hospitalet&#8230; Però va ser en aquests carrers antics, bruts i de moral dubtosa del centre de Barcelona que va trobar la seva <em>mitja taronja</em>. “Això em va semblar com un poblet”.</p>
<p>Cada dia hi baixa des de casa seva, a Vilapicina -el barri on va néixer fa 53 anys i on mai no ha deixat de viure-, per repartir correspondència i fer de “<strong>facilitador públic</strong>”, que és com ell denomina a fer aquelles funcions que, sense contradir la legalitat, sobrepassen les seves obligacions com a carter. Rutines que en aquests carrerons del Gòtic, maltractats pel turisme massiu, la gentrificació, la pobresa i la desesperació, són un bon grapat.</p>
<p>Reconeix que aquest no és dels barris que donen més feina -“a les zones benestants la gent rep més cartes”-, però no s’avorreix pas. Explica mil històries; és un <strong>radar</strong> amb potes.</p>
<p>“La Conchita i l’Adrián, veïns de tota la vida, vivien al carrer Còdols. El propietari els va dir que, donat que el pis estava en males condicions, no calia que li seguissin pagant el lloguer. Ells m’ho van explicar, i vaig pensar que al quart mes sense pagar els enviarien un burofax per <strong>fer-los fora</strong>. Vaig anar corrent a dir-l’hi a la Mercè, del Centre de Dia, per cercar una solució, via Serveis Socials”. “Aquella gent feia fora els inquilins i destrossava els pisos perquè ningú no els ocupés, i allà deixava la runa. Jo, a la Conchita, li anava a comprar <em>matacucarachas</em>, al Vicente, un <em>colmado</em> que hi havia”.</p>
<p>El Xavi coneix els veïns pel seu nom, i segurament aquest ha estat el seu secret per guanyar-se’n la confiança: “Quan els dius: ‘Bon dia, Abdelá’, ‘Bon dia, Halila’, ‘Bon dia, Manuela’&#8230;, els canvia la cara”.</p>
<p>Al barri ha conegut gent de les successives onades migratòries: “La dels pares, que van venir d’Aragó i Andalusia, barrejada amb la gent de Bangla Desh o el Senegal”. I una realitat inesperada: “Hi viu molta <strong>gent gran homosexual</strong>. Això va ser el centre gai de Barcelona als anys seixanta, setanta i vuitanta; i la gent s’hi quedava a viure”. Era, potser, el Gaixample de l’època? “<em>Bueno</em>, jo sempre dic que no sóc gai: jo sóc <em>marica</em>, perquè els gais viuen a l’Eixample”, bromeja.</p>
<p>Defensa que, quan tens una actitud d’obrir-te, la gent s’obre amb tu. “T’expliquen: ‘Jo era estiva’, ‘Jo treballava de camàlic’, ‘Jo&#8230; no era puta, <em>pero mi marido estaba en casa y yo daba los jabones en la calle Robadors</em>&#8216;”.</p>
<p>Quan li preguntem si ha hagut de repartir moltes citacions judicials al barri, reconeix que sí. “Però també vaig haver de repartir molts PIRMI. I el 2008 la Generalitat els va tallar de cop. Un mes d’agost. Va ser <strong>la situació més bèstia</strong> que he viscut en 34 anys que porto fent de carter”.</p>
<p>La seva feina durant les pitjors setmanes de la pandèmia, les del confinament total, la recorda amb tristor i com una <strong>pel·lícula de ciència-ficció</strong>: “Durant la Setmana Santa no hi havia ningú pel carrer. Un dia jo estava tot sol a la Rambla de Santa Mònica, amb el meu carret, a les dotze del migdia, i de cop i volta van començar a sonar les campanes de Sant Josep Oriol, les de la Mercè, les de Sant Agustí&#8230;, les senties totes. Jo pensava: ‘Ara vindrà un <em>cocoon</em> i se m’endurà, i el pitjor de tot és que ningú se n’assabentarà’”.</p>
<p>Aquells dies va poder entregar el 100% dels certificats. “No m’havia passat en la vida. Tothom era a casa. La gent va ser molt obedient”. Explica que un dia es va dedicar a comptar la gent que trobava pel carrer. Vint-i-tres persones, del Gòtic fins a Fabra i Puig. Sense comptar la gent que viu al carrer. “Aquests no van marxar. Com el <strong>Pedro</strong> i l’<strong>Antonio</strong>, que viuen a Escudellers. No van anar a cap alberg, perquè tenen gos, el <em>Blanquito</em>. ‘Y si nos vamos’, ens explicaven a mi i a la fornera, ‘¿quién le irá a hacer la compra a la Libertad, a la Antonia, al Diego&#8230;?’. Ells han estat <strong>cuidant</strong> i mimant a tota aquesta gent gran del barri. I són nois del carrer. I ja ho feien abans de la pandèmia”.</p>
<p>Durant molt de temps el Xavi va ser president de l’<strong>Ateneu Popular 9 Barris</strong>. No fa gaire que ha ficat la poteta a L’<strong>Harmonia</strong>, a Sant Andreu. I com que no vol que els seus estalvis estiguin a La Caixa, els té a <strong>Coop57</strong>, una cooperativa que finança projectes que, d’una altra manera, no tirarien endavant. Ens parla de la iniciativa Gazpacho Gitano, un projecte de cuina comunal i per a la reinserció al barri de les Tres Mil Viviendas de Sevilla. “És emocionant, perquè és pura base, <em>puro barrio</em> dignificant-se”.</p>
<p>En 10 anys, explica, el Gòtic ha perdut el 40% de la població. I enumera el reguitzell de comerços que han tancat per donar pas a “<em>cucuruchitos de jamón</em>, <em>helados superexóticos</em>, <em>masajes</em>, supermercats d’alcohol&#8230;”. “La pandèmia ens ha de permetre fer una reflexió de <strong>quina ciutat volem</strong>”. Com ens en sortirem? “Amb economia social i solidaria, i amb cooperació de tots els espais comuns”.</p>
<p>Els actors d’aquesta pel·lícula: el CAP Gòtic, el Centre de Dia, els Serveis Socials, La Negreta&#8230; “<em>Y el cartero</em>”.</p>
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		<title>Necessitem una altra ciutat</title>
		<link>https://carrer.cat/article/necessitem-una-altra-ciutat/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Oct 2020 11:11:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[confinament]]></category>
		<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[habitatge digne]]></category>
		<category><![CDATA[verd urbà]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>L&#8217;any 1841, el metge Pere Felip Monlau publica Abajo las murallas, un escrit amb to de manifest on defensa l’enderroc de les muralles que confinaven Barcelona, amuntegant la població al seu intern. L’al·legat de Monlau va ser clau per a la demolició d’aquell mur, i va endegar el procés d’eixample de la ciutat pel pla [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>L&#8217;any 1841, el metge Pere Felip Monlau publica <em>Abajo las murallas</em>, un escrit amb to de manifest on defensa l’<strong>enderroc de les muralles</strong> que confinaven Barcelona, amuntegant la població al seu intern. L’al·legat de Monlau va ser clau per a la demolició d’aquell mur, i va endegar el procés d’eixample de la ciutat pel pla que va culminar en l’aprovació del <strong>Pla Cerdà</strong>. A mitjan segle XIX una raó higienista empeny un canvi en l’urbanisme de Barcelona. Passarà ara el mateix?</p>
<p>Certament, la pandèmia que estem patint, i que a hores d’ara no sabem quant de temps i com continuarà, <strong>ens està fent viure la ciutat d’una manera que no sospitàvem</strong>, posant de relleu algunes de les mancances de la Barcelona contemporània. Segurament ja les coneixíem, però ara les hem patit amb més duresa. Però en un altre sentit, el confinament més estricte ens ha permès constatar altres maneres de treballar, viure i moure’s. I potser en alguns casos en podem treure alguna lliçó.</p>
<p>L’actual situació ens obliga a reflexionar des de tots els àmbits del coneixement: des de l’antropologia, l’arquitectura, l’ecologia, l’economia, la geografia, la medecina, la sociologia, l’urbanisme&#8230; el llistat seria interminable. El món artístic i cultural, l’oci, l’esport, s’han vist profundament alterats. En algun cas, i penso en l’esport d’alta competició, i sobretot en el futbol, fent-nos notar que potser no és tan important i que podem viure sense ell. Les dinàmiques dels moviments socials han patit molt, i d’<strong>això se n’ha parlat poc</strong>. La ciutadania, tots ens hem vist sacsejats.</p>
<p>Més enllà de la capacitat d’adaptació dels éssers vius (els humans també), més enllà de l’enginy, de veure com es pot viure d’altres maneres a les nostres cases, per a una gran part de la població confinar-se ha representat enclaustrar-se en habitatges petits. I així hem comprovat que la majoria acaben essent espais per recuperar allò que Karl Marx anomenava <strong>força de treball</strong>. Els desequilibris s’han posat de manifest amb cruesa. I com a resultat, <strong>la necessitat d’una altra ciutat</strong>.</p>
<p>Una de les característiques de la ciutat mediterrània, i de Barcelona en concret, és la seva densitat. Aquest tret, que sovint ha estat lloat per la seva capacitat de generar vida urbana, ha facilitat enormement la difusió de la pandèmia. La <strong>manca d’espai verd</strong> a la ciutat, especialment en alguns barris, i el desig d’obtenir-ne més, s’estan fent notar amb força. Cal amb urgència un planejament urbanístic que doni resposta a aquesta necessitat, i unes inversions que permetin realitzar amb celeritat allò que els plans proposen. La ciutat post pandèmica ha de ser més verda.</p>
<p>I quan hem pogut sortir de casa, l’<strong>espai públic s’ha vist col·lapsat</strong>, gratament. En el moment que un carrer es tallava al trànsit rodat, s’omplia de gent. La meva imatge és la del carrer Gran de Gràcia convertit en un passeig, en un lloc de trobada casual d’amistats “emmascarades”. Però la represa ha dut l’Ajuntament a jugar per moltes bandes a la vegada. L’increment de l’espai de terrasses no es pot consolidar. Certament, les terrasses formen part de la cultura mediterrània, però no hem d’hipotecar l’espai públic al consum.</p>
<p>La visió d’una ciutat buida, sense cotxes, ha copsat. Si bé podia recordar-nos la d’algunes pel·lícules apocalíptiques, també ens feia somniar en una ciutat més tranquil·la. Però això solament seria possible amb una altra ordenació de la població i de les <strong>activitats productives</strong> en el territori. I, és clar, amb un potent i enxarxat <strong>transport públic</strong>. Les imatges vistes ens han permès imaginar-nos una altra ciutat. No les oblidem. A veure si ens alliçonen a nosaltres, i a les administracions.</p>
<p>El confinament ha posat de relleu <strong>les mancances de la major part del parc d’habitatges de Barcelona</strong>. Habitacions de 6, 8 i 10 metres quadrats. Menjadors i sales de dimensions més que ajustades. I molta gent vivint al mateix pis. Aquest és el retrat. Viure tancats en aquest món ha estat dur per a una unitat familiar amb un o dos fills, i no diguem si eren més. Tal com deia, la majoria dels habitatges més aviat han estat pensats per recuperar-nos de la feina diària i preparar-nos per a la de l’endemà. També en matèria d’habitatge, el moment viscut ens l’ha de fer pensar d’una altra manera. I més quan l’anomenat <strong>teletreball</strong> es promou més enllà d’aquesta pandèmia.</p>
<p>L’arquitectura dels habitatges ha de repensar-se (tal com es diu ara, en què el prefix “re” es fa servir amb profusió). Cal valorar la <strong>flexibilitat dels espais</strong>. Les terrasses i els terrats han estat àmbits preuats. Teletreballar a casa, pot estar bé, però per fer-ho en condicions cal un altre tipus d’habitatge. De totes maneres el problema de fons no és de disseny, sinó econòmic. El més difícil no és pensar cóm haurien de ser aquests nous habitatges, sinó que siguin de preu assequible. I per a això cal un control del preu de lloguer, posar al mercat l’habitatge buit, reduir els pisos turístics. Cal una activa política d’<strong>habitatge públic</strong>. Si no, totes aquestes millores, com les anteriors, no acaben sent una altra cosa que altres factors gentrificadors.</p>
<p>D’entre les lliçons de la pandèmia, una és ben diàfana: <strong>no podem dependre del turisme</strong>. Des dels moviments socials, des de l’Assemblea pel Decreixement Turístic fa temps que es proclama. Més que fer anuncis per atraure turistes cal treballar per canviar l’actual model productiu del país. Que no sigui fàcil no vol dir que no sigui necessari, i urgent. Des dels moviments socials haurem de tenir en compte les lliçons, positives i negatives, de la pandèmia. I des de les administracions també ho haurien de fer. El nou <strong>Pla Director Urbanístic de l’Àrea Metropolitana de Barcelona</strong> ofereix una ocasió.</p>
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		<title>“Una modalitat de teletreball al cent per cent no és viable”</title>
		<link>https://carrer.cat/article/una-modalitat-de-teletreball-al-cent-cent-no-es-viable/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Oct 2020 12:39:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[Teletreball]]></category>
		<category><![CDATA[treball]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el context de pandèmia, el treball a distància va aparèixer com una possible solució per a una part de les persones treballadores. Però tal com es va plantejar, sense una regulació i de forma obligatòria, podria reforçar les desigualtats. Així ho veu Sara Moreno, professora de Sociologia de la UAB i especialitzada en temps, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En el context de pandèmia, el <strong>treball a distància</strong> va aparèixer com una possible solució per a una part de les persones treballadores. Però tal com es va plantejar, sense una regulació i de forma obligatòria, podria reforçar les desigualtats. Així ho veu <strong>Sara Moreno</strong>, professora de Sociologia de la UAB i especialitzada en temps, treball i gènere. Amb ella parlem de les “trampes” del teletreball i dels efectes que pot tenir des d’una perspectiva de gènere i de classe.</p>
<p><strong>Què opines del teletreball?</strong></p>
<p>Els orígens del que anomenem teletreball els ubiquem en plena crisi del petroli, els anys 70. Les dues característiques bàsiques de teletreball són el <strong>desplaçament</strong> del centre de treball a la llar i l’ús de les <strong>tecnologies</strong> de la informació i la comunicació.</p>
<p>Sempre ha anat apareixent com a resposta a les crisis: abans de la pandèmia es parlava molt de l’emergència climàtica i del problema de la mobilitat, i el teletreball llavors apareixia com una opció. També havia aparegut com una possible solució als problemes de <strong>conciliació</strong>.</p>
<p>Tanmateix, l’<strong>experiència de treballar a casa ha sigut molt diferent en funció del gènere</strong>. Històricament, les dones han treballat a la llar teixint, cosint, empaquetant, etc. En tenim milers d’exemples, que no es poden considerar teletreball perquè no hi havia tecnologia de la informació i la comunicació, sinó que hi havia treball manual que es feia des de la informalitat i en plena sincronia amb la dinàmica de casa. En masculí, l’experiència era absolutament diferent: el notari, l’advocat, el metge que tenia el consultori o un despatx a casa, absolutament aïllat de la llar i del treball domèstic i de cures. Un espai preservat, privilegiat i sense interferències de la dinàmica de la vida quotidiana.</p>
<p><strong>Llavors, l’experiència del teletreball amb les característiques bàsiques que apuntaves aquí quasi no existia fins a la Covid?</strong></p>
<p>Abans de la crisi de la Covid el teletreball tenia molt poca presència en el nostre context; només el 4 o 4,5% de la població treballadora ho feia dos o tres dies a la setmana i poc més d’un 3%, com a modalitat fixa. Tenim una <strong>cultura laboral</strong> molt presencialista on es reprodueix la falsa idea que qui passa més hores a la feina és qui més treballa.</p>
<p>No tenim ni una cultura ni una regulació mínimament estable i sòlida perquè el teletreball no redundi en les desigualtats; en particular, en les de <strong>gènere</strong> i les de <strong>classe</strong>. Si el teletreball es presenta com una solució a tots els mals sense que hi hagi una regulació, si no s’executa de manera planificada, sense improvisar, acaba <strong>reforçant les desigualtats</strong> de partida que ja existeixen.</p>
<p><strong>Per què el teletreball pot reforçar les desigualtats de gènere?</strong></p>
<p>En el context de la Covid, per una banda, hi havia els serveis essencials, on hi entrarien des dels metges fins al personal de neteja, molt precaritzat i molt feminitzat. Després, hi ha hagut els llocs de treball en quarantena, que ni eren essencials ni teletreballables, com l’hostaleria, la restauració, el petit comerç i altres serveis, que en bona part són també molt feminitzats i que han expulsat moltes dones del mercat de treball. Per això <strong>els ERTO han afectat més les dones</strong> que els homes.</p>
<p>D’altra banda, hi ha hagut serveis no essencials que s’han posat en quarantena però que s’han recuperat abans, que són els més masculinitzats: la indústria i la construcció. Aquesta gestió ha tingut un impacte de gènere claríssim! I per últim, el quart paquet ha estat el dels llocs de treball teletreballables.</p>
<p><strong>Aquí és on es veuen, també, les desigualtats de classe?</strong></p>
<p>El perfil de persona que ha pogut treballar a distància té estudis mitjans alts i està més ben posicionada en el mercat laboral. Durant el confinament, hi ha hagut molts llocs de treball que no eren teletreballables, i són precisament els més <strong>precaris</strong>. Però és que dins de les feines que sí que ho eren s’han reproduït també les desigualtats, per això dic que el gènere, per a mi, és la variable clau.</p>
<p>En un mateix espai hem hagut de simultaniejar totes les activitats: el treball remunerat, domèstic i de cura. <strong>No hem conciliat</strong>, ho hem fet tot a la vegada, i les interrupcions, les fragmentacions i els horaris absolutament intempestius és el que ha primat, en especial en el cas de les dones.</p>
<p>Hi ha dades que apunten que això ha tingut costos per a la seva salut: més ansietat, estrès i angoixa durant l’època dura del confinament. I a això se li sumen qüestions que tenen a veure amb problemes estructurals del mercat de treball, com el tema de les ciberviolències: a algunes treballadores, sobretot, se’ls ha requerit que durant el seu horari laboral tinguessin l’ordinador amb la càmera encesa.</p>
<p><strong>I no s’hi podien negar?</strong></p>
<p>Hi ha molt desconeixement, no sabem fins on arriben els nostres drets, fins on podem dir que això és la nostra privacitat i que no se’ns pot exigir tenir la càmera oberta. Ens manca molta formació.</p>
<p><strong>La manca de formació i d’una regulació ha permès que es produeixin abusos en el camp laboral?</strong></p>
<p>Efectivament. Sense aquestes dues coses no tens un marc de referència per saber què es pot fer i què no, o què et poden exigir. Moltes coses van quedar obertes, la qual cosa desprotegeix els treballadors.</p>
<p>El teletreball té potencialitat, sí, però s’ha de <strong>regular</strong>, han d’haver-hi estructures i al final no pot suposar traslladar-los a ells els costos de la producció, sigui intel·lectual o manual. No podem pretendre que es faci sense que la persona treballadora tingui una compensació salarial per utilitzar la llum, l’internet i l’ordinador de casa seva, o sense que hi hagi directament una facilitació d’aquests recursos per part de l’empresa. I a banda, les recomanacions al voltant del teletreball diuen que està bé sempre que sigui voluntari i combinat amb la presencialitat. El teletreball total no és bo.</p>
<p><strong>Per què no?</strong></p>
<p>Pels possibles costos laborals. Tornem al gènere: el retorn a la presencialitat ha estat major en el cas dels homes que de les dones. Penso que <strong>una de les millors polítiques d’igualtat seria fomentar el retorn a la presencialitat de les dones</strong>, perquè voldria dir que serien els homes els que es quedarien a casa assumint la responsabilitat del treball domèstic i de cura.</p>
<p>Una situació de confinament, a banda dels costos de salut, de gestió del temps i de conciliació, segurament a mig termini també tindrà costos en promoció laboral. Si tu no hi ets presencialment, sempre trobaràs més obstacles, i aquesta és una de les grans <strong>trampes</strong> del teletreball o del treball a distància sobrevingut i imposat. Pots fer la feina i ser molt efectiva, però quan s’hagi de promocionar algú, si no hi ets físicament, no se’t tindrà tan present.</p>
<p><strong>El teletreball genera aïllament físic entre els treballadors. Això, sumat al fet que el centre de treball desapareix, pot dificultar l’organització col·lectiva? És un dels riscos?</strong></p>
<p>En el cas de treballadors que de cop es posen a treballar a distància però que prèviament tenien una bona organització col·lectiva, una acció política amb un discurs, una organització, una coordinació, unes reivindicacions i que actuaven com a agent social, en una situació sobrevinguda de treball remot aconsegueixen trobar els mecanismes per continuar amb aquesta acció col·lectiva.</p>
<p>Quan no hi havia aquesta prèvia, organitzar-se col·lectivament és molt més difícil. Treballar a distància té un component d’aïllament social i, per molt que haguem explotat totes les potencialitats de la virtualitat, això també té límits. Fa més difícil trobar espais per socialitzar i posar en comú situacions que provoquen mal estar o donen peu a articular una demanda col·lectiva.</p>
<p><strong>El teletreball exclou la part més intuïtiva, la virtualitat la capa. Quins efectes pot tenir això en les professions que optin per aquesta modalitat?</strong></p>
<p>Hem d’entendre que una modalitat de 100% teletreball no és viable. Hi ha una sèrie de factors, competències i habilitats que no podem desenvolupar davant d’una pantalla. Existeixen aspectes del treball en equip que no es poden suplir virtualment.</p>
<p>En lògica productiva podríem dir que som més productius amb una modalitat mixta, però des d’una lògica humana i de funcionament de les relacions socials, també. Hi ha intangibles que la virtualitat no pot suplir, i des d’un punt de vista normatiu, hauríem de renunciar a qualsevol tipus d’organització social que passés tota per la virtualitat.</p>
<p>L'entrada <a href="https://carrer.cat/article/una-modalitat-de-teletreball-al-cent-cent-no-es-viable/">“Una modalitat de teletreball al cent per cent no és viable”</a> ha aparegut primer a <a href="https://carrer.cat">Carrer</a>.</p>
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		<title>Grans fons d&#8217;inversió i asseguradores, actors creixents d&#8217;un model de residències qüestionat</title>
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		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Oct 2020 10:36:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[residències assistides]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>L&#8217;exagerada mortalitat que han patit les residències de gent gran durant els mesos més durs de la primera onada de la pandèmia de Covid-19 ha posat en qüestió un sector que acumulava anys d’expansió. El progressiu envelliment de la població havia propiciat un increment constant de places -majoritàriament de titularitat privada- i l’aterratge de grans [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>L&#8217;exagerada mortalitat que han patit les residències de gent gran durant els mesos més durs de la primera onada de la pandèmia de Covid-19 ha posat en qüestió un sector que acumulava anys d’expansió. El progressiu envelliment de la població havia propiciat un increment constant de places -majoritàriament de titularitat privada- i l’aterratge de grans fons d’inversió i grups asseguradors, atrets per una demanda en augment que els feien veure el de la vellesa com un <strong>negoci segur</strong>. Per fer-nos-en una idea, segons un estudi de la consultoria DBK la facturació de les empreses de residències de gent gran va elevar-se a <strong>4.500 milions d’euros</strong> durant el 2018 a tot l’Estat.</p>
<p>Entre els anys 2008 i 2018 el nombre de places de residències a Catalunya havia crescut de les 51.780 (8.160 en centres públics) a les 59.888 (10.290 en equipaments públics) i la previsió era que la progressió continués els propers anys. Al cap i a la fi, segons les projeccions de l’Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat) el 2060 hi haurà a Catalunya 2,6 milions de persones que superaran els 65 anys, quan el 2018 la xifra era d’1,42 milions.</p>
<p>Els <strong>més de 4.000 morts</strong> acumulats des de l’inici de l’epidèmia de coronavirus -més del 6,5% dels residents totals-, però, ha situat en el punt de mira un model en què predominen unes <strong>quotes molt elevades</strong> que no es tradueixen ni en una bona <strong>qualitat assistencial</strong> ni en unes <strong>condicions laborals dignes</strong> per als empleats, que pateixen sous en moltes ocasions per sota dels mil euros mensuals.</p>
<p>Segons una informació publicada al juliol pel portal <em>Infolibre</em> -i elaborada a partir de dades de la Generalitat-, dels gairebé 4.000 usuaris de residències que van morir per la Covid-19 entre març i abril a Catalunya, la immensa majoria -2.797, és a dir, el 71,9%- van fer-ho al mateix centre, mentre que només 1.094 van fer-ho en un hospital.</p>
<p>La informació, que posava de manifest que en aquelles setmanes no van ser precisament habituals les derivacions a centres mèdics de pacients malalts, permetia comprovar que en aquells dos mesos -de moment, els més mortífers de la pandèmia- <strong>van perdre la vida 882 persones a les residències</strong> de Barcelona, 649 de les quals (el 73,6%, un nivell superior a la mitjana del país) van fer-ho al mateix centre. Sanitas Residencial les Corts, amb 58 residents morts, Residencia las Acacias -del grup Bastión de Oro-, amb 45; i la Casa Asil de Sant Andreu de Palomar, amb 41, van encapçalar el rànquing de centres de gent gran de la ciutat amb una major mortalitat en xifres absolutes.</p>
<p><strong>Concentració empresarial</strong><br />
Tradicionalment, el sector de les residències de gent gran ha estat molt atomitzat, amb la presència del sector públic, entitats sense ànims de lucre i empreses familiars. Els darrers anys, però, hi ha hagut una accelerada concentració a través de diverses operacions de compres corporatives i, actualment, <strong>10 grups empresarials</strong> controlen al voltant del 25% de les places a l’Estat. Entre aquests grups s’hi troben asseguradores, com <strong>Sanitas</strong>, <strong>Caser</strong>, <strong>Santalucía</strong> -a través de la seva filial <strong>Ballesol</strong>-, <strong>Fiatc</strong> o <strong>Atlàntida</strong>, i corporacions internacionals com <strong>Amavir</strong>, <strong>Orpea</strong> o <strong>DomusVi</strong>, les tres d’origen francès. En major o menor mesura, tots tenen presència a Catalunya.</p>
<p>L’actual líder estatal és <strong>DomusVi</strong>, amb més de 22.000 llits repartits en més de 160 residències. Creat el 2017, actualment està controlat pel fons Intermediate Capital Group (ICG) i SRS, una societat hòlding del francès <strong>Yves Journel</strong>, el fundador del grup. A Catalunya té 12 residències -sis a Barcelona- i, a tot l’Estat, suma més de 22.000 treballadors, dels quals més del 90% són dones. Durant els mesos de març i abril van morir el 10,2% dels seus residents a Catalunya i, per exemple, a la capital van registrar-se 13 víctimes al seu centre de la Salut, 11 al d’Antoni Maria Claret i 17 a la residència Regina, ubicada a Gràcia.</p>
<p><strong>Amavir</strong>, grup francès controlat per Maisons de Famille, suma unes 8.000 places a l’Estat. Té 42 residències -cinc a Catalunya, de les quals dues a Barcelona- i 40 centres de dia, cinc al Principat. L’any passat, el grup va facturar més de 150 milions. Els seus centres barcelonins (Horta i Diagonal) van sumar 55 víctimes entre març i abril i a tot Catalunya van perdre la vida el 14,5% dels seus residents, un percentatge només superat pel grup català Sophos, amb el 17,6%.</p>
<p>També és d’origen francès <strong>Orpea</strong>, que acumula unes 7.500 places. Entre els seus accionistes destaca CPPIB, el fons de pensions del Canadà. Actualment, ja té tres residències a Catalunya, dues a Barcelona i una a Sant Cugat del Vallès. A escala mundial suma gairebé 100.000 llits, amb França (33.500) com a mercat principal. <strong>Ballesol</strong>, la filial del grup assegurador Santalucía, suma uns 7.000 llits a l’Estat. A Catalunya té cinc residències. Dues són a Barcelona -Fabra i Puig i Almogàvers- i s’hi van registrar 25 i 33 morts, respectivament, els dos pitjors mesos de la pandèmia.</p>
<p>Un altre grup amb presència a la ciutat és <strong>Sanitas Mayores</strong>, que pertany al grup assegurador Sanitas, i té 47 residències a Espanya, 11 de les quals a Catalunya. A Barcelona en suma set, que van acumular més de 110 morts per coronavirus entre febrer i març. Tot el grup assegurador va facturar més de 2.000 milions durant el 2018 i pertany a la multinacional britànica BUPA. Un dels grups que protagonitzen un creixement més accelerat és Vitalia, que està en mans del fons de capital de risc CVC i que té més de 6.000 places a tot l’Estat. A Catalunya suma cinc residències, dues a Barcelona.</p>
<p>Ja abans de la pandèmia, la Generalitat assegurava que volia canviar el model de gestió de les residències, per evitar-hi l’aterratge de grups només interessats en el benefici econòmic i no en la qualitat assistencial. La Covid ha evidenciat els múltiples errors de l’actual sistema, el gran dubte és si, més enllà de les grans paraules, realment suposarà un canvi de paradigma o provocarà que aquests grans grups encara hi guanyin més presència.</p>
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		<title>Residències, crònica d&#8217;una tragèdia anunciada, denunciada i ignorada</title>
		<link>https://carrer.cat/article/residencies-cronica-duna-tragedia-anunciada-denunciada-i-ignorada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Oct 2020 10:16:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[residències assistides]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El fort impacte del coronavirus en les residències de Barcelona ha posat en evidència la vulnerabilitat dels centres per a gent gran. No és nova: les administracions havien rebut per terra, mar i aire tot tipus de queixes de familiars d’ingressats. D’una banda, la Coordinadora 5+1 havia protestat en reiterades ocasions i s’havia reunit amb [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El fort impacte del coronavirus en les residències de Barcelona ha posat en evidència la <strong>vulnerabilitat</strong> dels centres per a gent gran. No és nova: les administracions havien rebut per terra, mar i aire tot tipus de queixes de familiars d’ingressats.</p>
<p>D’una banda, la <strong>Coordinadora 5+1</strong> havia protestat en reiterades ocasions i s’havia reunit amb tots els partits. Per l’altra, els dos anys anteriors a la pandèmia es van interposar <strong>centenars de queixes de particulars</strong> sobre negligències mèdiques, instal·lacions deficients i sobretot desatenció per falta de personal. Avis a qui es donava per error la medicació d’un company, habitacions sense privacitat o absència de professionals sanitaris a la nit són alguns dels casos reportats reiteradament.</p>
<p>Totes aquestes queixes, però, <strong>quedaven disperses</strong> entre la Fiscalia, els Mossos d’Esquadra, el Síndic de Greuges, la Síndica de Barcelona i diversos departaments de la Generalitat de Catalunya i consorcis Generalitat-Ajuntament. No existeix cap finestreta única ni una institució responsable del seguiment de totes les reclamacions a centres geriàtrics. Una recerca efectuada pel diari <em>Tot Barcelona</em> al juny va fer aflorar <strong>més de 250 reclamacions formals</strong> en els darrers dos anys a centres de la ciutat. I les administracions reconeixen que n’hi ha moltes més.</p>
<p>El paquet més nombrós localitzat són 200 queixes barcelonines presentades a <strong>Afers Socials</strong> de la Generalitat, que és la principal fiscalitzadora de les residències d’avis públiques amb gestió delegada, és a dir, sobre els 19 centres que la Generalitat i l’Ajuntament tenen externalitzats a Barcelona. Per altra banda hi ha les queixes sobre centres privats, concertats i col·laboradors, que canalitza el Servei d’Inspecció i Registre. Només l’any 2019 van entrar per aquesta via 136 sol·licituds de famílies que denunciaven carències en algun centre barceloní. La xifra de 2018 i les queixes referides a centres sòciosanitaris no s’han fet públiques.</p>
<p>Els <strong>Mossos d’Esquadra</strong> tampoc donen dades, perquè asseguren que no es comptabilitzen per separat les denúncies a geriàtrics. En paral·lel, almenys una trentena de diligències estan en curs a la <strong>Fiscalia de Barcelona</strong>, que no té dades retrospectives perquè les investigacions s’arxiven als sis mesos si no es troben proves.</p>
<p><strong>Activistes desbordats</strong><br />
L’associació Coordinadora 5+1, que agrupava familiars de <strong>5 residències públiques de Barcelona</strong>, s’ha vist desbordada durant la crisi sanitària atenent emails de famílies d’altres centres de la ciutat. Són l’única entitat amb experiència interposant reclamacions d’aquest tipus, però no disposen d’una infraestructura jurídica. Han aglutinat tots els casos ferms que han pogut en una denúncia col·lectiva: han fet arribar a la Fiscalia la situació de 30 centres públics i privats, en representació de quasi 200 famílies.</p>
<p>L’entitat reclama <strong>ampliar la cartera de serveis</strong>, és a dir, del personal mínim que la Generalitat exigeix. La ràtio d’un gerocultor per cada 10 avis, aprovada fa 10 anys, ha quedat obsoleta per l’edat i la mala salut de la població ingressada. <strong>El 79% té més de 80 anys</strong>, segons l’estudi del 2019 Envejecimiento en Red (CSIC). A més, el 98% pateix algun trastorn crònic i el 55% n’acumula set o més, segons l’Enquesta de Salut de la Població Institucionalitzada (ESPI) catalana. “Demanem almenys una infermera de nit obligatòria”, apunta <strong>Maria José Carcelén</strong>, la portaveu.</p>
<p>De moment han aconseguit <strong>que l’oferta més barata no guanyi automàticament els concursos</strong>, però es queixen que una empresa reiteradament incomplidora avui pot seguir guanyant-ne. L’<strong>Ajuntament</strong> va intentar aplicar un nou model d’adjudicació social, que no ha funcionat del tot. Un exemple paradigmàtic és la residència municipal <strong>Fort Pienc</strong>, on el 2019 la constructora <strong>Sacyr</strong> va desbancar altres ofertes amb més puntuació qualitativa gràcies a una oferta agressiva.</p>
<p>La patronal del sector, <strong>ACRA</strong>, demana estudiar una a una les queixes i no generalitzar. “Cal analitzar per quin motiu es produeixen, si es concentren en pocs centres o en molts, veure en quin sentit es resolen, si la presumpta responsabilitat li correspon al centre o no li és atribuïble…”, expressa. “S’han d’abordar totes amb la màxima seriositat perquè hi ha en joc el benestar de la gent gran”, afegeixen. Consideren que “la gran majoria d’usuaris i familiars estan satisfets” i refusen que hi hagi una “percepció general de malestar o preocupació”.</p>
<p><strong>Radiografia dels centres a Barcelona</strong><br />
Barcelona té <strong>244 residències de gent gran</strong>, que formen un mapa ultra complex amb diferents tipus de places, de titularitat i de gestió. La <strong>mala distribució per districtes</strong> condemna els avis i àvies a una mudança segura, i els allunya de la seva xarxa relacional. La mida dels centres també és molt desigual.</p>
<p>El centre més petit té 8 places -la residència Immaculada-Salses d’Horta-, mentre que el més gran en té 308 -un complex de Sanitas a les Corts-. L’Eixample acapara 81 dels 244 geriàtrics: un terç del total. Horta-Guinardó és el districte líder en places (3.264, el 24,4%). L’envellit casc antic només disposa de 10 petites residències que sumen 330 places.</p>
<p>La frontera entre públic i privat és <strong>difusa</strong>. Els 19 centres de titularitat pública a la ciutat -5 de l’Ajuntament i 14 de la Generalitat- els gestionen empreses privades escollides per concurs. Els 225 restants són privats, però 167 d’ells contenen places que paga l’Administració. Així és com el 85% de les places acaben subvencionades de forma total o parcial i només el 15% dels llits es paguen amb capital 100% privat. A la pràctica, doncs, és un sistema dependent del diner públic.</p>
<p><strong>Atenció mèdica trossejada</strong><br />
L’atenció mèdica també és público-privada i a Barcelona és més complexa que a la resta del país, perquè combina tres equips sanitaris diferents: el de la residència, el de l’ambulatori més proper i els Equips d’Atenció Residencial (EAR), un reforç extra diürn que només existeix al Barcelonès, al Baix Llobregat i al Vallès.</p>
<p>Els EARS els va crear Salut fa una dècada i avui els supervisa el Consorci Sanitari de Barcelona. L’adjudicatari únic és <strong>Grup Mutuam</strong>, una antiga mútua ara especialitzada en geriatria que comanden dos ex alts càrrecs de Salut en temps de CiU. La coordinació dels tres serveis en un moment de gran estrès del sistema sanitari és un dels factors que ha influït en la lenta detecció de la Covid-19.</p>
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		<title>Un model sanitari injust i ineficient</title>
		<link>https://carrer.cat/article/un-model-sanitari-injust-i-ineficient/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Oct 2020 10:55:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[dret a la salut]]></category>
		<category><![CDATA[sanitat pública]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En pocs mesos la pandèmia ha esdevingut una crisi global però d’efectes desiguals. El seu devastador impacte es veu al Regne d’Espanya on, comparat amb anys previs, s’ha produït un alt excés de mortalitat de 50.000 morts (només darrere de països com Perú i Equador), o a Barcelona, on l’excés és del 158% (sobretot a [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En pocs mesos la pandèmia ha esdevingut una crisi global però d’efectes desiguals. El seu <strong>devastador impacte</strong> es veu al Regne d’Espanya on, comparat amb anys previs, s’ha produït un alt excés de mortalitat de 50.000 morts (només darrere de països com Perú i Equador), o a Barcelona, on l’excés és del 158% (sobretot a Nou Barris i Horta-Guinardó). Fins a mitjan agost, a les residències geriàtriques espanyoles havien mort per Covid-19 gairebé 20.000 persones, el 68% de les morts oficials registrades a Espanya (el 72% a Catalunya).</p>
<p>El coronavirus no afecta tothom per igual, com sovint es diu, sinó que amplifica desigualtats ja existents generant una “<strong>pandèmia de desigualtat</strong>”. I és que a Espanya i Catalunya una de cada quatre persones està en situació de risc de pobresa i exclusió, i més de la meitat de la població té dificultats per arribar a final de mes.</p>
<p>A Barcelona, les necessitats més extremes estan cobertes, però en romanen moltes lligades a la pobresa i desigualtat. Abans de la pandèmia, 72.000 llars dedicaven més de la meitat dels ingressos a pagar l’habitatge, gairebé dos terços dels treballadors precaris tenien un sou tan baix que no podien cobrir cap imprevist, i milers de persones estaven en situació d’emergència habitacional o sense llar.</p>
<p>No és estrany doncs que els barris pobres tinguin una <strong>esperança de vida</strong> de 7 a 9 anys menor que els rics, ni que siguin també els més afectats per la pandèmia. Obrers, repartidors, migrants, treballadores del sector turístic i serveis&#8230; amb pitjors habitatges i menys recursos, van anar a treballar en situació de risc (els barris pobres van <strong>triplicar</strong> la mobilitat dels rics). I tampoc no és estrany que la taxa d’incidència de Covid-19 de Nou Barris sigui gairebé tres vegades més elevada que la de Sarrià-Sant Gervasi.</p>
<p>¿<strong>Per què aquesta calamitat</strong>, després d’escoltar tan sovint que teníem un dels millors sistemes de salut del món? La pandèmia ha mostrat les <strong>febleses</strong> dels serveis públics d’<strong>atenció sociosanitària</strong> (diagnosticar, tractar, rehabilitar, tenir cura), i de <strong>salut pública</strong> (prevenir malalties, protegir, promoure i restaurar la salut col·lectiva).</p>
<p>Val a dir que a Barcelona, Generalitat i Ajuntament tenen <strong>competències</strong> i <strong>responsabilitats</strong> ben diferents. El <strong>Consorci Sanitari de Barcelona</strong> gestiona centres, serveis i establiments d’atenció sanitària i sociosanitària sota control de la Generalitat; l’<strong>Agència de Salut Pública de Barcelona</strong> s’encarrega, entre d’altres, de la salut pública i els serveis socials bàsics no especialitzats, sota control de l’Ajuntament.</p>
<p><strong>La resposta de les institucions</strong><br />
¿Quina ha estat la resposta de la Generalitat durant els mesos de la pandèmia? S’ha abusat d’eslògans publicitaris, s’ha insistit en la responsabilitat de la prevenció individual, i s’ha confiat que, després del confinament total, arribés el “millor escenari” i l’estiu eliminés el virus.</p>
<p>Moltes accions han estat <strong>tardanes</strong>, <strong>improvisades</strong> i <strong>deficients</strong>. Per exemple, no atendre les recomanacions de científics (l’epidemiòloga Magda Campins assenyalà que calien molts més rastrejadors, l’epidemiòleg Oriol Mitjà digué que el Departament de Salut fou “un palau infranquejable” de ser assessorat) i d’institucions (l’Ajuntament oferí rastrejadors que foren refusats), la inexplicable deixadesa a aplicar massivament tests diagnòstics, o a fer desconfinaments massa ràpids per pressions econòmiques, amb manca de planificació i sense els recursos (personal sociosanitari, rastrejadors, etc.) de salut pública adients.</p>
<p>Així doncs, ni es va aplicar una lògica predictiva i <strong>preventiva</strong> basada en l’atenció primària, la salut pública i la “salut en totes les polítiques”, ni es van planificar ni finançar programes integrals i massius de <strong>vigilància epidemiològica</strong> amb inspectors i sancions, ni es van fer programes massius d’educació sanitària, anàlisi de desigualtats, o <strong>acció comunitària</strong>.</p>
<p><strong>Un model en crisi</strong><br />
Amb tot, el problema de fons té a veure amb el <strong>model de salut</strong> de la Generalitat: mercantil, biomèdic, individualista i hospitalocèntric, caracteritzat per parasitar el sistema públic i precaritzar i retallar la sanitat pública, els serveis socials i la salut pública.</p>
<p>Tenim una sanitat pública <strong>infrafinançada</strong>, <strong>precaritzada</strong> i <strong>mercantilitzada</strong>. Un clar exemple és el fracàs del Sistema d’Emergències Mèdiques (<strong>SEM</strong>, telèfon 061/Salut Report), una empresa pública que compra serveis a empreses privades en <strong>operacions ben tèrboles</strong> (des de 2015, <strong>Ferrovial</strong> ha rebut desenes de milions d’euros, i encara més arran la pandèmia), alhora que s’apropia de funcions d’una atenció primària menyspreada, sobrecarregada i severament infrafinançada.</p>
<p>Davant d’això, l’Ajuntament de Barcelona ha anat bàsicament <strong>a remolc</strong> de les decisions de la Generalitat, sense promoure un debat crític, valent i audaç de canvi de l’actual model socioeconòmic amb l’ajut dels moviments socials comunitaris.</p>
<p>Ben cert, però, és que ha ajudat amb la gestió de la crisi sanitària (oferint informació, habilitant pavellons com a hospitals, realitzant tests, oferint atenció psicològica, oferint equipaments municipals a escoles, etc.), alhora que es destinaven força recursos en ajudes socials (35M en aliments, emergència social i habitacional, i 10 en cultura), la reactivació econòmica (30M), la cultura (10M), i canvis ambientals (15M en millores de l’espai públic i la mobilitat).</p>
<p><strong>Cap a un Servei Nacional de Salut</strong><br />
La pandèmia és una crisi sanitària que pot derivar en una crisi pitjor, on trigarem en conèixer tots els efectes del tsunami pandèmic i les seves diferents “onades” sanitàries i socioeconòmiques: contagis, malalties, col·lapse sanitari i morts; ajornament d’intervencions i problemes de salut; i els efectes dels confinaments, la situació escolar i la crisi econòmica.</p>
<p>Però una cosa és clara: <strong>cal canviar amb urgència un model de salut</strong> que és injust i ineficient. Tal i com reclama el Fòrum Català d’Atenció Primària, cal convertir el Servei Català de la Salut en un Servei Nacional de Salut de Catalunya (SNSC) ben finançat, transparent, amb una provisió totalment pública i que integri tots els subsistemes existents; un SNSC basat en l’<strong>Atenció Primària i Comunitària</strong>, els <strong>Serveis Socials</strong> i la <strong>Salut Pública</strong>, que garanteixi serveis efectius i amb equitat, que desmedicalitzi la salut alhora que potencia la fabricació pública de medicaments i materials.</p>
<p>La deficient gestió de la pandèmia té molt a veure amb un <strong>model neoliberal </strong>que cal esborrar, però la crisi i els seus desiguals efectes s’associen de fet amb una <strong>crisi civilitzatòria</strong> (de salut, de cures, econòmica, ecològica i política) que cal comprendre i canviar. Barcelona i Catalunya haurien de jugar un paper clau en aquest canvi, promovent reformes imprescindibles i construint una visió alternativa de llarg abast on conflueixin les forces polítiques transformadores amb la participació fonamental de les organitzacions socials.</p>
<p><em>Joan Benach és professor de Salut Pública i Treball Social a l&#8217;UPF i director del Grup de Recerca en Desigualtats en Salut (GREDS)</p>
<p>L'entrada <a href="https://carrer.cat/article/un-model-sanitari-injust-i-ineficient/">Un model sanitari injust i ineficient</a> ha aparegut primer a <a href="https://carrer.cat">Carrer</a>.</p>
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		<title>La pandèmia castiga els barris pobres</title>
		<link>https://carrer.cat/article/la-pandemia-castiga-els-barris-pobres/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[fatmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Oct 2020 14:49:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[desigualtats]]></category>
		<category><![CDATA[districtes]]></category>
		<category><![CDATA[pobresa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La pandèmia és universal. Però no té el mateix impacte arreu. Tampoc a Barcelona, als seus barris i a la seva població. La web de l’Agència de Salut Pública de Barcelona publica diàriament una detallada informació sobre com afecta la Covid-19 a la població de Barcelona que permet fer-se una representació aproximada del seu desigual [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La pandèmia és universal. Però no té el mateix impacte arreu. Tampoc a Barcelona, als seus barris i a la seva població. La web de l’<a href="https://webs.aspb.cat/covid19aldiabcn/">Agència de Salut Pública de Barcelona</a> publica diàriament una detallada informació sobre com afecta la Covid-19 a la població de Barcelona que permet fer-se una representació aproximada del seu <strong>desigual impacte sobre la ciutadania</strong> i de la seva evolució.</p>
<p>Els trets generals són prou coneguts. L’expansió de la pandèmia ha tingut dues fases. La primera, que correspon a tot el període de l’estat d’alarma, té una primera onada de forta expansió de casos, d’enorme gravetat pel que fa al nombre de morts, i de col·lapse sanitari, seguida d’una contínua millora de la situació que va justificar el <strong>desconfinament</strong>.</p>
<p>A la segona fase, a partir de finals de juny i desprès d’un període de certa calma a mitjan juliol, <strong>s’incrementen els casos</strong> (aproximadament uns 300 diaris) i aquest degotall es manté relativament estable fins a l’actualitat.</p>
<p>Sembla clar que la situació de les dues fases no és comparable. A la primera només es feien PCR als casos més obvis i ara es fan cribratges de forma més amplia i sistemàtica, cosa que fa pensar que l’<strong>extensió real de la pandèmia és molt superior </strong>a la mesurada a la primera fase. El desconeixement de tractaments mínimament adients fou molt més gran els primers mesos i possiblement va ajudar a l’agreujament de la situació sanitària i a la gravetat de la malaltia. La primera onada va afectar dramàticament la població amb pitjor salut i de més edat. Ara per ara, sembla que el caos de les residències de gent gran s’ha controlat.</p>
<p>Però és evident que l’episodi de la pandèmia no està acabat, que seguirà afectant la salut i la vida quotidiana i que els seus efectes aniran molt més enllà de les qüestions sanitàries.</p>
<p><strong>L’impacte sobre la població</strong><br />
A data de 6 de setembre de 2020 a Barcelona s’havien registrat 28.274 casos de Covid-19, dels quals 3.625 a residències de gent gran (tant de residents com de personal laboral). La incidència per cada 100.000 habitants és de 1.688 casos (1.472 si es descompten els casos a residències), o sigui que la incidència és propera a l’1,7% de la població.</p>
<p>L’Agència calcula també que s’han produït 3.521 morts per sobre del que és habitual a la ciutat (l’anomenat “<strong>excés de mortalitat</strong>”). Aquesta és una xifra que no es pot comptabilitzar directament com a defuncions per Covid-19, sinó que és l’impacte global que ha tingut la pandèmia sobre el funcionament social -desgavell del sistema sanitari, problemes de salut agreujats pel confinament, estrès, manca d’una adequada cura quotidiana…- que han agreujat el nivell de mortalitat de la ciutat.</p>
<p>Com s’explica a les diferents taules de l’ASPB, el virus ha tingut una afectació desigual per edat, sexe i situació econòmica. Quan més pobre és la gent, més alt és el nivell d’afectació. Quan més avançada és l’edat, existeix un grau més gran d’afectació i sobretot de mortalitat, encara que a la segona fase de la pandèmia l’edat de les persones afectades és menor i això també pot explicar, almenys en part, el menor dramatisme de la situació.</p>
<p>Globalment hi ha més dones afectades per la pandèmia que homes, però quan es té en compte el nivell d’incidència per 100.000 habitants, el grau d’afectació és semblant, excepte en el cas de les residències, on el volum de dones afectades és clarament molt superior (2.681 dones, 944 homes), amb una taxa d’incidència de 1.758 per 100.000 habitants en les dones i 1.611 en els homes. El fet de tenir més esperança de vida i haver més dones vivint en unes residències poc preparades per fer front a la pandèmia ha agreujat la situació.</p>
<p><strong>Salut pública i situació social</strong><br />
Hi ha moltes raons que poden explicar perquè les desigualtats socials mesurades segons la renda, l’accés a l’educació o el tipus d’ocupació també influeixen en un major o menor nivell d’afectació.</p>
<p>Per citar-ne algunes de rellevants podem destacar:</p>
<p>&#8211; <strong>Feines</strong> més exposades a la infecció en el cas dels treballadors manuals, que no poden confinar-se ni teletreballar. Aquí es troben una bona part de les persones que ens garanteixen cada dia una part essencial del nostre benestar: personal de neteja, sanitari, cuidadores domiciliàries i de residències, personal de transport i comerç de proximitat, barbers i perruqueres, personal de cuina…</p>
<p>&#8211; Pitjors <strong>dificultats de confinament</strong>: llars petites, incòmodes, i pitjor preparades; i menys recursos per fer vacances i estades a segones residències.</p>
<p>&#8211; Desigualtats en l’<strong>accés a recursos sanitaris</strong> a causa de les retallades i la privatització dels serveis.</p>
<p>&#8211; Pitjors <strong>condicions de salut</strong> lligades a l’experiència laboral, el tipus de consum o les condicions de l’habitatge, que acostumen a incrementar-se amb l’edat i en les dones, i que expliquen que l’esperança de vida estigui associada al nivell de renda.</p>
<p>Segur que n’hi ha més, però aquests exemples ja ens indiquen que les desigualtats socials tenen moltes implicacions. No és casualitat que algunes de les millors recerques sobre desigualtats socials i salut provinguin d’investigadors de l’àmbit de la <strong>salut pública</strong>, i que també s’han mostrat en el cas de la pandèmia.</p>
<p><strong>El barri, reflex de la desigualtat</strong><br />
Fa molt de temps que a <em>Carrer</em> hem anat mostrant que <strong>Barcelona és una ciutat amb moltes desigualtats</strong> i que aquestes es reflecteixen als barris. <strong>Amb la pandèmia ha tornat a passar.</strong> La major o menor incidència està associada a la desigual estructura dels barris.</p>
<p>Per mostrar-ho hem triat l’indicador del <strong>nombre de casos segons la població</strong> (taxa d’incidència acumulada per cada 100.000 habitants), que és el que permet fer comparacions independents del nombre d’habitants existents a cada barri.</p>
<p>Hem triat un indicador que no té en compte els casos a les residències, pel fet que aquestes es distribueixen de forma desigual per la ciutat i no es pot atribuir la seva incidència al barri on estan ubicades (hi ha barris on proliferen i d’altres que no en tenen cap).</p>
<p><strong>Els districtes i el pes poblacional</strong><br />
Per mostrar de forma senzilla l’impacte de la pandèmia a Barcelona hem elaborat una taula (<strong>veure quadre del final</strong>) on es mesura el <strong>nivell d’incidència per districtes</strong> tenint en compte el pes poblacional dels diferents barris. El nivell d’afectació al districte més pobre de la ciutat és més del doble que el del districte més ric. És obvi que la situació no es pot explicar només per la desigualtat econòmica, però és clar que aquesta hi juga un paper important.</p>
<p>Si del nivell de districte passem al dels barris, aquesta hipòtesi encara sembla més clara. Hi ha tres districtes (les Corts, Sarrià-Sant Gervasi i Gràcia) on cap barri està per sobre de la mitjana de la ciutat (i el barri més afectat és la Maternitat Sant Ramón, veí de l’Hospitalet i de Sants Badal).</p>
<p>Dos districtes, <strong>Sants Montjuïc</strong> i <strong>Nou Barris</strong>, tenen<strong> tots els barris</strong> amb nivells superiors a la mitjana, amb l’excepció del petit barri de Vallbona (que per desgràcia ha tingut en canvi una forta afectació a la residència de gent gran). En aquests dos districtes es troben la majoria de barris amb pitjors xifres: la Marina del Prat Vermell (3.451), Sants-Badal (2.095) i Hostafrancs (1.945) a Sants-Montjuïc; Torre Baró (2.857), Ciutat Meridiana (2.570), Roquetes (2.365), Turó de la Peira (2.363) Verdum (2.321) i Guineueta (2.857) a Nou Barris.</p>
<p>Altres dos districtes, Horta-Guinardó i Sant Andreu, tenen la majoria de barris per sobre de la mitjana, però només dos -Trinitat Vella (2.800) i Congrés Indians (1.966)- es troben en situacions extremes. Contrasta en aquests districtes que els barris menys afectats siguin Font d’en Fargues i Sant Andreu (malgrat que en nombre absolut és el que presenta més casos, pel seu elevat volum de població).</p>
<p>Els altres tres districtes presenten una situació més variada, però si mirem quins són els barris més afectats, el factor relatiu a la desigualtat econòmica torna a ser rellevant: Besòs, Maresme, la Verneda i la Pau a Sant Martí; el Raval a Ciutat Vella i Sant Antoni a l’Eixample.</p>
<p>Hi ha, a més, un element interessant si es tenen en compte els dos períodes de la pandèmia: el que cobreix la fase d’estat d’alarma fins al 20 de juny i el posterior. En la primera fase, el nivell d’afectació es va concentrar sobretot a Nou Barris i Horta-Guinardó. En aquest últim cas, els barris més afectats varen ser Montbau, Vall d’Hebron, Baix Guinardó, Guinardó i Horta, barris que en la segona fase han experimentat una incidència moderada.</p>
<p>Una possible explicació és que aquesta dinàmica es pugui explicar per l’alt grau d’afectació al <strong>personal sanitari </strong>a la primera fase (un cop més, les condicions laborals hi compten), en tractar-se de barris propers a grans hospitals. Un cop tallada aquesta via d’infecció s’experimentaria una millora que no ha tingut lloc a altres barris.</p>
<p>Per contra, a la segona fase de la pandèmia el virus ha rebrotat amb força a alguns barris de nivells econòmics modestos que havien passat la primera fase amb un èxit relatiu: és el cas del Raval, Sants Badal, Turó de la Peira, Torre Baró, Ciutat Meridiana i Besòs-Maresme. No ha passat en cap altre barri de característiques diferents. I en canvi la incidència s’ha mantingut en les dues fases a Roquetes, Verdum, Trinitat Vella i la Marina del Prat Vermell.</p>
<p>El cas de les <strong>residències</strong> és diferent, com hem dit a causa de la seva desigual distribució en l’espai. És quelcom força diferent de les desigualtats de renda, en gran part per l’absència d’una política pública universal i el predomini d’un model de gestió privada. Això explica que el major volum de casos d’afectacions a residències es trobi a la Sagrada Família (268 casos), Dreta de l’Eixample (251), Horta (241) Poblenou (195), Montbau (155), Vila de Gràcia (154), Font de la Guatlla (134), Vall d’Hebron (111), i la Salut (101), moltes en barris on la resta de residents han experimentat nivells moderats de Covid-19. Cal destacar que la immensa majoria de casos es van donar en la primera fase, el que fa pensar que amb una millor política inicial el desastre hauria pogut ser molt més lleu.</p>
<p><strong>Intolerable fractura social</strong><br />
Si aquests quatre apunts suggereixen alguna cosa és que un cop més <strong>no podem considerar la salut com una qüestió aliena a la resta de condicions socials</strong>. De fet, l’evidència científica fa dècades que ens ho mostra de forma contundent: les desigualtats són punyents i afecten desfavorablement i de forma gradual la gent i els barris més desfavorits.</p>
<p>Tot i que Barcelona fa molt de temps que presumeix de ser una ciutat “inclusiva”, les dades són tossudes i mostren que tenim uns nivells intolerables de fractura social. La lluita contra aquesta pandèmia i les que puguin venir passa també per canviar les polítiques socials i econòmiques de la ciutat.</p>
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